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Blog pensado para ir publicando alguna información interesante o noticias que sucedan en nuestra diócesis de Orihuela-Alicante y que tenga que ver con este reciente Ordo Diaconal que existe desde el 26 de Diciembre de 2007.

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martes, 10 de diciembre de 2013

Instauración del Diaconado Permanente en Sigüenza-Guadalara


Otro obispo, con su diócesis que se suma al gran elenco de las que echan mano de este ministerio tan nuevo y tan antiguo. Antes de Navidades, en pleno Adviento nos llega la noticia que el domingo 8 de diciembre, el Obispo de Sigüenza-Guadalajara, D. Atilano Rodríguez Martínez, firmó el Decreto de Institución del Diaconado Permanente en la diócesis.

Este paso significa una gran alegría doble tanto para los que pertenecemos al ordo diaconal, como para el resto del pueblo de Dios, porque es señal que la Iglesia va necesitando nuevos braceros para llevar la caridad a todos los rincones de la viña del Señor, y todos podemos ocupar nuestro puesto en esa misión, ya que evangelizar el mundo es cosa de todos, no solo del Papa, de los obipos y de los curas, es cosa de todos.

Es otra diócesis la de Sigüenza-Guadalara, la que se suma a las directrices dadas por el Concilio Vaticano II, hace ya más de 50 años, para que según sus necesidades utilice estos ministros para encomendarles tareas como administrar algunos sacramentos, predicar la Palabra de Dios, ayuda en la liturgia y hacer llegar la caridad y el servicio a todos.

El Concilio dejó escrito que cada obispo según considerara oportuno, podría instaurarlo en su diócesis según las normas y criterios de la Santa Sede y de su Conferencia Episcopal. En España somos más de 870 diáconos permanentes, distribuidos en 45 de las 70 diócesis del territorio nacional.

Hay que tener cuidado, porque para acceder a él no vale todo aquel que sienta un cierto aprecio o gusto por la liturgia, ni aquel que no tenga nada que hacer y pretenda hacer carrera en la Iglesia o estimarlo como un premio de su parroquia. El diácono permanente no es un sacristán al que se le quiere premiar su fidelidad y se pretende promocionar. No, no valen todos los que llamen a las puertas de su obispo. Pueden ser hombres solteros o casados. Si son miembros de Institutos religiosos o seculares, deben ser mayores de 25 años y deben vivir el celibato. Si son casados deben ser mayores de 35 años, mínimo con cinco años de menos de matrimonio estable, que hayan dado testimonio cristiano en la educación de sus hijos y en la vida familiar. Deben ser personas con madurez humana y espiritual; deben sentir amor a la Iglesia y ser hombres de oración, así como tener capacidad para el diálogo, sentido moral y de responsabilidad. Maduros, no ancianos, porque a veces vemos diáconos que más que ayudar, están para que se les ayude a ellos..., con todo el respeto a mis hermanos en el orden, de avanzada edad.


Cada aspirante debe estar dispuesto a vivir de su propio trabajo en la vida civil o religiosa, y estar inserto en la vida común de la gente, siendo un testigo cualificado de la vida cristiana. Deberá aceptar el ministerio encomendado por su obispo y estará en comunión con él y con su presbiterio diocesano y universal, manteniendo una vinculación con el resto del pueblo de Dios.

Estamos de enhorabuena por esta noticia tan llena de esperanza, pero no olvidemos que es una labor muy grande y muy "pesada" la que se nos pide a estos hombres, pues debemos seguir estando en el mundo, ser del mundo, coquetear con el mundo, pero sin dejarnos devorar por el mundo.

Por eso desde este humilde portal, pedimos orar sin descanso por todo el clero, empezando por el Papa, obispos, sacerdotes, y sin olvidar a estos hombres que aunque pasamos desapercibidos, pero sin embargo estamos ahí, aportando nuestro granito de arena y nuestras manos.

sábado, 5 de mayo de 2012

¿Por qué los diáconos?

En el libro de los Hechos de los Apóstoles, San Lucas nos habla de la institución de los diáconos de una forma estable y permanente, por las necesidades de la Iglesia creciente, para ellos se  impusieron las manos  y se les encargó el oficio de administrar los bienes de la comunidad cristiana (cf. Hch. 6,6). 

Será San Pablo el que posteriormente los mencione como una institución estable en la Iglesia (cf. Flp 1,1; 1Tim 3,8-12), llegando a afirmar con una bella metáfora que "hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo;  y diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; y diversidad de acciones, pero Dios es el mismo, que obra todo en todos" (1Cor 12).

Efectivamente, es una acción del Espíritu Santo el establecer en la Iglesia una diversidad de ministerios dentro de la unidad de una misma misión. Luego si surgen y están surgiendo estas vocaciones en la Iglesia, no es capricho personal, ni es promovidas por ningún prelado más vanguardista o de otro calificativo. 

Fue hace casi cincuenta años, en el Concilio Vaticano II, cuando se acordó con el consentimiento del Romano Pontífice conferir el diaconado a hombres maduros, aun estando casados y jóvenes idóneos que se mantengan  en el celibato (cf. LG 30).

En la misma Constitución Conciliar, y apoyándose en una cita del  Concilio Tridentino se afirma que el ministerio eclesiástico es de institución divina, no humana, y se ejerce en la Iglesia desde bien antiguo por los Obispos, presbíteros y diáconos (cf. LG 28). 

El número 29 de la misma Constitución, afirma que este ministerio eclesial, el diacono, es el grado inferior de la Jerarquía, se les ordena, recibiendo la imposición de las manos "no para el orden al sacerdocio, sino para el orden al ministerio". De esta manera, los diáconos son confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio. A partir de este momento servirán al 
Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. 
Mi ordenación diaconal, cuando D. Ildefonso me puso la estola y la dalmática.

Prosigue señalando de oficio propio de los diáconos, que pueden administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura. 

Especialmente estos hombres se deben dedicar a los oficios de la caridad y de la administración, y ejercer los oficios necesarios en la vida de la Iglesia. Así, cada Conferencias territoriales de Obispos, y de acuerdo con el mismo Sumo Pontífice, decidirán si se cree oportuno y en dónde el establecer estos diáconos para la atención de los fieles. Por eso no se ha instaurado en todos los continentes al mismo tiempo, ni siquiera en todos los países, cada obispo lo ha instaurado según ha visto conveniente. En nuestra diócesis de Orihuela-Alicante se aprobó el 3 de Junio del 2000 por el Consejo Presbiteral.

Por eso sería bueno que los diáconos no se les viera como un cuerpo extraño e independiente, no van por libres. Si anuncian o predican, no hacen su propio mensaje, sino el Evangelio de Jesucristo; si dan de comer al Pueblo de Dios, es el Cuerpo de Cristo que se quedó en la Eucaristía, si bautizan o bendicen es para aumentar y santificar el número de los redimidos. Es bueno ver que estos hombres, la mayoría casados y padres de familia, tienen un gran corazón, generoso, entregado y partido entre dos esposas, y a ver cual de ellas le pide más.

Oremos, los cristianos, al Dueño de la mies que haga surgir vocaciones para seguir trabajando en su viña, y que su divino Espíritu siembre en sus corazones la vocación al sacerdocio y al diaconado.

Manuel Cosme García Vaíllo
Diácono.

sábado, 11 de febrero de 2012

Diáconos, un servicio necesario

Viajar en transporte público a menudo da ocasión de un diálogo positivo y enriquecedor. Quien me preguntó quería entender qué significaban algunos de los «cargos» —ésta era la expresión que utilizaba— que hay en la Iglesia. Fácilmente se hacen comparaciones con otros estamentos de la sociedad civil y es necesario situar las cosas en su sitio.

Me pareció que era una persona con interés porla Iglesia, pero poco informada. Entre otros temas, fue de especial atención la conversación sobre los «diáconos», en el sentido de descubrir con sorpresa una realidad que desconocía totalmente y —como me dijo después— de mucha actualidad. Más aún cuando le expliqué de qué personas se trataba —un ministerio permanente abierto tanto a casados como a solteros y con las funciones que le son propias—. La reacción fue de valoración muy positiva, de admiración por lo que significaba como vocación de servicio y, también, de actualidad por la necesidad que hay de ellos en la comunidad cristiana, en su misión de evangelizar y servir, como Jesús.
Con situaciones como ésta, nos encontramos a menudo, y ponen en evidencia la necesidad que existe hoy de información, procedente de una ignorancia religiosa que tiene muchas causas, no sólo por falta de conocimiento, sino de ambiente y práctica cristiana.
El servicio diaconal enla Iglesia es poco conocido y, por parte de todos los que formamos las comunidades cristianas, aún necesita de un reconocimiento más afectivo y efectivo. Como dice el Concilio Vaticano II, corresponde al diácono, según se lo haya asignado la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, conservar y distribuirla Eucaristía, asistir y bendecir el matrimonio en nombre dela Iglesia, llevar el Viático a los moribundos, leerla Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y la oración de los fieles, presidir el rito de los funerales y la sepultura.
Fieles a su institución desde los inicios del cristianismo, será labor fundamental de los diáconos el ejercicio de la caridad. Como dice san Policarpo: «Que sean misericordiosos, diligentes, caminando conforme a la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos.» Un camino vocacional que promocionar entre todos, un servicio muy necesario en los tiempos que vivimos.

Sebastià Taltavull Anglada
     Obispo auxiliar de Barcelona