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Blog pensado para ir publicando alguna información interesante o noticias que sucedan en nuestra diócesis de Orihuela-Alicante y que tenga que ver con este reciente Ordo Diaconal que existe desde el 26 de Diciembre de 2007.

Aquí puedes hacernos tus comentarios o si necesitas localizarnos, o sencillamente necesitas algún documento o material relacionado con nosotros, lo puedes hacer en mcosmegv@gmail.com.
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martes, 1 de diciembre de 2015

Todos somos diáconos permanentes

ZtlddkBjMonseñor Joseph C. Bambera, DD, JCL obispo de Scranton

Homilía de ordenación al diaconado permanente
28 de noviembre 2015 (Jeremías 1: 4-9; Romanos 12: 4-8; Juan 20: 19-23)

Es una alegría para dar la bienvenida a todos ustedes a la catedral de San Pedro esta mañana, junto con tantos hermanos sacerdotes y diáconos, y especialmente las mujeres y sus hijos, familiares y amigos de las personas que van a ser ordenados. Gracias por su presencia, por sus oraciones y por el papel fundamental que ha desempeñado para hacer que tales hombres a punto de ser ordenados diáconos para oír y responder a la llamada del Señor y para llegar a ser equipado para toda buena obra a través de la formación que han recibido en los últimos años. Hoy es un día de gran regocijo para todos nosotros aquí reunidos esta mañana, para toda la Iglesia de Scranton y especialmente para aquellos de ustedes, que, por la gracia de Dios en el sacramento del Orden, se ordenó como siervos en el ministerio a la Pueblo de Dios.

Gracias también a todos los que han sido responsables de la formación de nuestros candidatos – un sin número de instructores, directores espirituales, pastores – y, en particular, monseñor David Bohr, Director de la Formación al Diaconado Permanente.

Estoy especialmente agradecido a las esposas de nuestros candidatos. En muchos aspectos, a causa de la llamada que usted y sus maridos respondido a su primera vocación a la vida matrimonial, que asumió un papel integral en su camino a su segunda vocación: las órdenes sagradas. Su voluntad de animarles a escuchar la llamada del Señor – su amor y apoyo desinteresado en medio de sus luchas para discernir su lugar en el plan del Señor – y su fidelidad en la oración como en conjunto que ha viajado a este día – han sido una bendición no sólo para sus maridos, sino a la Iglesia de Scranton y de la vida de todos aquellos que serán tocados por su ministerio de servicio. Gracias. Que también encontrar satisfacción, el sentido y la paz en los días venideros.
En sus dos años y medio como Obispo de Roma, Francisco ha capturado nuestros corazones, nos ha hecho admirar algunas de sus palabras y gestos, y, más que nada, nos ha desafiado a abrazar la noción de servicio en nuestras vidas como discípulos y seguidores del Señor Jesús.Desde el principio de su ministerio, ha recordado a todos que el poder auténtico de la Iglesia tiene su raíz en el servicio – un servicio entiende mejor en su relación con la cruz de Cristo.

Algunos de nosotros probablemente recuerdan primera celebración Francisco de la Misa de la Cena del Señor el Jueves Santo la noche, a sólo unos días después de su instalación. Tuvo lugar en una capilla de la prisión, no en el altar principal de la gloria de la Basílica de San Pedro.Muchos de nosotros nos quedamos impresionados que lavó los pies de los hombres y las mujeres; que lava los pies de los católicos y de otras tradiciones religiosas. Como resultado, la mayoría de nosotros hemos olvidado las palabras que compartió en ese momento. “A medida que realizamos esta ceremonia del lavado de pies, que cada uno de nosotros pensamos: ‘¿Estoy realmente dispuesto a servir, para ayudar a los demás?”. … Este signo es una caricia de Jesús … porque esta es la verdadera razón por la que vino Jesús: para servirnos, para ayudarnos “.

Lo que ocurre hoy en día en la ordenación de estos hombres como diáconos permanentes no es diferente de lo que pasó en la ordenación diaconal de todo hombre que ha pasado después a ser ordenado sacerdote o un obispo. Los diáconos son ordenados para reflejar la imagen de Jesús, el Siervo – una realidad vital y fundamental en la vida y ministerio de la Iglesia. Su configuración de Jesús a través de la ordenación diaconal es permanente. Los diáconos son ordenados para servir. Pero también lo son los sacerdotes y también lo son los obispos. Es por eso que la Iglesia nos obliga a ser ordenados diáconos primero. No dejamos un Orden atrás cuando asumimos otro. Los efectos sacramentales de los tres grados de órdenes son acumulativos y no excluyentes. ¡Todos somos diáconos permanentes!


sábado, 4 de abril de 2015

No te pierdas: " ¡ Servir en las periferias ! "

Después de mucho esfuerzo por parte, especialmente de unos pocos, un grupo de diáconos permanentes de muchos países, especialmente latino y americanos, han sacado a la luz una nueva herramienta para evangelizar.
 
 http://serviren.infoPrimeramente le han dado forma a la asociación con la que formar parte activa para estar presnentes en la red y tras un fructuoso esfuerzo, el día 1 de abril, vio la luz el nuevo boletín, así como el entorno en la red.
 
"Servir en las periferias  se convierte así en una llamada evangeélcia apremiante para todo hombre y mujer que desea seguir a Jesucristo y desea también hacerle presente en medio de este mundo por su testimonio personal..."

Los objetivos de este proyecto que ahora se pone en marcha diáconos, esposas y personas interesadas en el diaconado es pretender facilitar la información, la formación, el posibilitar un lugar de encuentro, y el intercambio de expereincias, en relación con el ministerio diaconal, especialmente iberoamericano..."

Lo encontramos en la web  http://serviren.info, en ella os podeis registrar y tambien recibir el informativo que tendrá periodicidad mensual...

Adelante, GRACIAS A TODOS los que se han desvivido en hacer que vea la luz, a ver si su fruto es grande para mayor gloria a Dios...

Feliz Evangelización.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Cualidades que todo diácono, sacerdote y obispo debería tener, según el Papa.

El Papa continuó su ciclo de catequesis sobre la Iglesia en la audiencia general. Francisco explicó cómo deben vivir los diáconos, sacerdotes y obispos para que "su servicio sea auténtico y fecundo”. Les recomendó ser pacientes, afables y sobrios.

Francisco añadió que todo presbítero debe alejarse de la vanidad.


RESUMEN DE LA CATEQUESIS DEL PAPA

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy, podemos hacernos la pregunta qué se pide a los obispos, presbíteros y diáconos para que su servicio sea auténtico y fecundo.

San Pablo, en sus cartas pastorales, además de una fe firme y una vida espiritual sincera, que son la base de la vida, enumera algunas cualidades humanas, esenciales para estos ministerios: la acogida, la sobriedad, la paciencia, la afabilidad, la bondad de corazón… cualidades, que hacen posible que su testimonio del Evangelio sea alegre y creíble.

El Apóstol recomienda, además, reavivar continuamente el don que han recibido por la imposición de manos. La conciencia de que todo es don, todo es gracia, los ayuda a no caer en la tentación de ponerse en el centro y de confiar sólo en ellos mismos. Uno no es obispo, presbítero o diácono porque sea más inteligente o tenga más talentos que los demás, sino en virtud del poder del Espíritu Santo y para el bien del santo Pueblo de Dios. La actitud de un ministro no puede ser nunca autoritaria, sino misericordiosa, humilde y  comprensiva. 

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México, Guatemala, Chile y otros países latinoamericanos. Invito a todos a dar gracias a Dios por las personas que ejercen un ministerio de guía en la Iglesia y la hacen crecer en santidad. Recemos para que sean siempre imagen viva del amor de Dios. Muchas gracias.

viernes, 6 de junio de 2014

Diáconos: los grandes desconocidos.



Me ha parecido muy interesante colgar en nuestro blog una carta de la esposa de un diácono permanente de la diócesis de Pamplona, Fernando Aranaz. Así que os invito a no dejar de leerla. Desde aquí agradezco a Paloma esta reflexión en voz alta. Su carta dice así:

El domingo día 25 de mayo se celebró en la Diócesis de Pamplona la II Jornada del Diaconado Permanente. Mi esposo, Fernando Aranaz, fue ordenado diácono hace casi siete años y desarrolla su labor diaconal en la capellanía de la cárcel de Pamplona, manteniendo su trabajo en la vida civil, tal como se les recomienda a los diáconos. 

Los años de discernimiento, estudio, preparación y, finalmente, de ordenación, no estuvieron exentos de problemas e incomprensiones, ya que él fue el primer diácono de la Diócesis y abrir camino siempre es muy difícil cuando la cerrazón de algunos es dura. 

Pero cuando se trata de una verdadera llamada de Dios, las situaciones se sobrellevan, esquivan y todo adquiere una nueva dimensión, ya que Dios te ha preparado algo realmente bueno para tu vida que te hará feliz. Dios “sólo” necesita tu “sí”, porque Él no entra nunca como un elefante en una cacharrería, como a veces hacemos nosotros, y respeta tus tiempos, y cuando así ocurre Él te regala el ciento por uno.

La segunda vocación de Fernando, como suele decir él, no fue algo aislado ni tampoco con el tiempo tan extraño, a pesar de que al principio ninguno de los dos comprendíamos bien qué estaba pasando, sino que nació del matrimonio y de la familia, forjándose día a día. 

Llevábamos muchos años colaborando en nuestra parroquia, en grupos diocesanos, en la cárcel como voluntarios de Pastoral Penitenciaria… y ahora Dios pedía a Fernando, en especial, un paso más por medio del servicio de forma permanente y también a su familia para que acogiéramos este don. Fueron tiempos de dudas, de no comprender bien qué estaba ocurriendo ya que teníamos la vida hecha, tiempos de volver a replantearse ciertas cosas dadas por hechas, de incomprensiones por parte de personas muy cercanas de nuestra Iglesia, pero también tuvimos el apoyo de otras tantas muy queridas para nosotros e incluso de aquellas que no conocíamos. Y así llegan las cosas de Dios… ni antes ni después, sino cuando Él cree que estás preparado...
 
Han pasado casi siete años desde su ordenación y ahora podemos decir con certeza de que se trata realmente de una vocación, de una llamada de Dios a servir al prójimo de esta forma tan especial: al modo de Jesús servidor que lava los pies al mundo.

Siento que Dios nos ha hecho un gran regalo: el ser y formar una familia diaconal en medio de un mundo sediento de Dios, aunque a veces el mundo no sea consciente de ello.

Antes de nada y, para aquellas personas que lean estas líneas y no tengan claro qué es un diácono, me permito hacer unas aclaraciones concisas sobre esta realidad tan desconocida y a la vez tan apasionante, que algunos critican, pero que muchos admiran y rezan por ella.

* Diácono: Es un hombre ordenado que sirve a la Iglesia y a los hermanos al modo de Jesús servidor. Están dentro del orden ministerial que forma un triángulo: los diáconos y presbíteros, con sus vocaciones y funciones diferentes, como colaboradores del obispo y pastor diocesano. Pueden ser personas casadas (mayores de 35 años) o solteras (a partir de 25 años).

* Estudios: Están formados en Ciencias Religiosas con tiempos para la pastoral.

* Historia: Ya en el libro de los Hechos de los Apóstoles (6, 1-6) nos dice que se nombra a los siete primeros diáconos de la Iglesia. A partir de lo siglos IV o V y, por diferentes motivos, va desapareciendo pero el Concilio Vaticano II lo restaura como ministerio permanente admitiendo a hombres casados.

* Tareas pastorales: Tienen su espacio propio en la liturgia, la Palabra y la caridad. Sus destinos pastorales son variados y son los espacios donde hay mayor necesidad. Tal vez alguien piense que no son los más agradecidos (hospitales, cárceles, cementerios, marginación…), pero son los más diaconales y donde se encuentra a Jesús sufriente. 

Al hilo del tema del diaconado me gustaría hacer balance y puntualizar lo que he venido y vengo observando durante los últimos trece años como esposa de diácono y mujer laica que lleva muchos años sirviendo en la Iglesia. Qué ha supuesto todo este tiempo lleno de experiencias gratificantes, aunque haya habido alguna que otra zancadilla y qué cosas habría que cambiar. Tal vez haya personas que se cuestionen dónde ponemos a los diáconos en la Iglesia. Ellos ya lo saben…

* En primer lugar decir que para el diácono el modelo y ejemplo a seguir es siempre Jesús servidor, que es quien se arrodilla, lava y besa los pies del mundo y que vino no para ser servido sino a servir. Para cualquier cristiano, sea cual sea nuestra vocación, nos debemos medir en Jesús de Nazaret. Para mí, como mujer cristiana, madre, esposa de diácono y servidora de la Iglesia, también lo es. Siempre he admirado y respetado el servicio que tantas mujeres realizan en nuestras parroquias a veces poco agradecidas y otras invisibles dentro de ellas.

* Las esposas de los diáconos no somos las nuevas “diaconisas” y nuestro papel no es sólo dar el consentimiento para que nuestro esposo pueda ser diácono firmando un documento, es mucho más, ya que en el matrimonio se comparte todo, se camina acompañado, se habla de todo y se toman decisiones conjuntas. Nosotras, las esposas, no somos algo decorativo, pintoresco o un mal menor, sino que participamos de la diaconía de nuestros esposos. Conozco a un montón de esposas de diáconos con un gran compromiso humano y cristiano en voluntariados de marginación, dedicadas también a sus trabajos civiles, a su familia y dedicando sus servicios en pastorales diversas.

* Los diáconos hacen un gran esfuerzo por conciliar su vida familiar, laboral y encomienda diaconal que no se siente reconocida en algunas ocasiones.

* Me gustaría decir que son muchas las personas que se alegran con nosotros, que comparten nuestras inquietudes, que nos comprenden, nos aceptan y nos ayudan a vivir mejor esta vocación de la Iglesia bendecida por Dios.

* En general, los diáconos son bien aceptados por la gran mayoría de laicos contentos de contar con una persona preparada, vocacionada al servicio a los demás y una persona muy cercana a ellos, que ha salido de su comunidad, que trabaja como ellos para poder mantener a su familia, luchando cada día por su puesto de trabajo en medio de una gran crisis económica; felices porque como ellos tenga esposa e hijos, con todos los problemas y alegrías que significa formar una familia, como la de todos. Por todo ello, resultan muy cercanos. Varias personas, que no conocíamos, a propósito de su ordenación, nos pararon por la calle para darnos la enhorabuena por “nuestra valentía y gratuidad”.

* Aprovecho esta reflexión para decir algo sobre el hecho de pedir vocaciones en la Iglesia. Vocaciones hay unas cuantas y todas igualmente importantes. O son todas vocaciones, o no hay ninguna, me dijo una vez un sacerdote a quien aprecio mucho. Me gustaría que rezásemos por ellas, para que cada vez haya más vocaciones al servicio, tan necesitadas hoy en día, porque son dones de Dios y están bendecidas por Él y son todas susceptibles de pedir a Dios por ellas, lo que ocurre es que a veces falla la conciencia de que todos somos necesarios en la Iglesia para que el cuerpo de Cristo esté completo. ¿O es que ponemos en duda que Cristo es la cabeza del cuerpo y el resto somos sus miembros todos necesarios y que si falla alguno no está completo? (I Corintios 12, 4-14).
Como decía, a pesar de las dificultades, el balance es totalmente positivo.

* Es una realidad que poco a poco va creciendo en la Iglesia. En nuestra Diócesis son tres los diáconos permanentes (dos casados y uno célibe) y en España son más de cuatrocientos y el número aumenta cada día.

* Nuestro matrimonio y la familia se has visto reforzados por este don del diaconado y por ello estamos siempre agradecidos a Dios. La llamada de Dios presente en nuestra vida matrimonial, supone algunas dificultades, pero también muchos aspectos positivos, ya que el matrimonio y el diaconado se complementan y nos hacen crecer como personas, como pareja y como cristianos. El “sí” consciente dado a nuestro esposo se convierte en compromiso de servicio para nosotras y en cierta forma trabajamos a la par del esposo. Marido y mujer avanzamos juntos hacia el Señor. No estamos solos. No hay que olvidar que lo importante es el SER y no el HACER. 

Los diáconos tienen una gran autoridad moral, que se la dan la gratuidad, el testimonio y la coherencia de su vida y la cercanía al hermano. Pienso que queda y que hay mucha tarea por hacer y si hay voluntad y nos ponemos en las manos de Dios, lograremos entre todos transparentar el rostro de Cristo.

No hay que tener miedo de lo que Dios te pida, Él respeta siempre tus tiempos y no hay que cerrarle las puertas, porque cuando Él te pide algo y aunque el camino a veces sea dificultoso, es porque te quiere hacer inmensamente feliz.

Paloma Pérez Muniáin
Junio de 2014

miércoles, 26 de marzo de 2014

El diácono... si no lo hace con amor, no sirve



Según el Santo Padre el Papa Francisco, en la audiencia general del 26 de marzo del 2014, ha venido a decirnos un mensaje muy importante sobre los obispos, presbíteros y diaconos. El texto es el siguiente:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ya hemos tenido ocasión de señalar que los tres sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía forman juntos el misterio de la "iniciación cristiana", un único gran acontecimiento de gracia que regenera en Cristo y nos abre a su salvación. Esta es la vocación fundamental que une a todos en la Iglesia, como discípulos del Señor Jesús. Hay a continuación dos sacramentos que corresponden a dos vocaciones específicas: se trata del Orden y del Matrimonio. Constituyen dos grandes vías por las que el cristiano puede hacer de su vida un don de amor, siguiendo el ejemplo y en el nombre de Cristo, y así colaborar en la edificación de la Iglesia.

El Orden, marcado en los tres grados de episcopado, presbiterado y diaconado, es el Sacramento que permite el ejercicio del ministerio, confiado por el Señor Jesús a los Apóstoles, para apacentar su rebaño, en la potencia de su Espíritu y de acuerdo a su corazón. Apacentar el rebaño de Jesús con la potencia, no con la fuerza humana o con la propia potencia, sino con la del Espíritu y de acuerdo a su corazón, el corazón de Jesús, que es un corazón de amor. El sacerdote, el obispo, el diácono debe apacentar el rebaño del Señor con amor. Si no lo hace con amor, no sirve. Y, en este sentido, los ministros que son elegidos y consagrados para este servicio prolongan en el tiempo la presencia de Jesús, si lo hacen con el poder del Espíritu Santo, en el nombre de Dios y con amor.

1. Un primer aspecto. Aquellos que son ordenados se colocan a la cabeza de la comunidad. ¡Ah! ¿Están a la cabeza? Sí. Sin embargo, para Jesús significa poner la propia autoridad al servicio, como Él mismo lo ha mostrado y enseñado a sus discípulos con estas palabras : "Sabéis que los gobernantes de las naciones las dominan, y los jefes las oprimen. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20, 25-28 // Mc 10, 42-45). Un obispo que no está al servicio de la comunidad: no está bien. Un sacerdote, un cura, que no está al servicio de su comunidad: no está bien. Está equivocado.

2. Otra característica que siempre se deriva de esta unión sacramental con Cristo es el amor apasionado por la Iglesia. Pensemos en aquel pasaje de la Carta a los Efesios, en el que san Pablo dice que Cristo "ha amado a la Iglesia. Él se ha entregado a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocar ante sí a la Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada" (5, 25-27). En virtud del Orden el ministro dedica todo su ser a su propia comunidad y la ama con todo el corazón: es su familia. El obispo y el sacerdote aman a la Iglesia en su comunidad. Y la aman fuertemente. ¿Cómo? Como Cristo ama a la Iglesia. Lo mismo dirá san Pablo del matrimonio. El marido ama a su mujer como Cristo ama a la Iglesia. ¡Es un misterio grande de amor, este del ministerio y aquel del matrimonio! Los dos sacramentos que son el camino por el cual las personas van habitualmente al Señor. 

3. Un último aspecto. El apóstol Pablo aconseja a su discípulo Timoteo no descuidar, más bien, reavivar siempre el don que está en él, el don que le ha sido dado por la imposición de las manos. Cuando no se nutre el ministerio con la oración, la escucha de la Palabra de Dios, la celebración diaria de la Eucaristía y también la asistencia al Sacramento de la Penitencia, se termina inevitablemente perdiendo de vista el significado autentico del propio servicio y la alegría que nace de una profunda comunión con Jesús. El obispo que no reza, el obispo que no vive y escucha la Palabra de Dios, que no celebra todos los días, que no va a confesarse regularmente… y lo mismo el sacerdote que no hace estas cosas, a la larga, pierden la unión con Jesús y adquieren una mediocridad que no hace bien a la Iglesia. Por eso tenemos que ayudar a los obispos y a los sacerdotes a rezar, a escuchar la Palabra de Dios, que es el alimento diario, a celebrar cada día la Eucaristía y a ir a confesarse habitualmente.
Y esto es tan importante, porque está en juego la santificación propia de los obispos y los sacerdotes. Quisiera terminar también con una cosa que me viene a la cabeza. ¿Pero qué hay que hacer para convertirse en sacerdote? ¿Dónde se venden las entradas? No, no se venden. Ésta es una cosa donde la iniciativa la toma el Señor. El Señor llama, llama a cada uno de los que quiere que se conviertan en sacerdote. Y quizás haya algunos jóvenes aquí que han sentido en su corazón esta llamada: el deseo de convertirse en sacerdotes, el deseo de servir a los demás en las cosas que vienen de Dios, el deseo de estar toda la vida al servicio para catequizar, bautizar, perdonar, celebrar la Eucaristía, cuidar a los enfermos… Pero toda la vida así. Si alguno de vosotros ha sentido esto en el corazón, es Jesús que se lo ha puesto ahí, ¿eh? Cuidad esta invitación y rezad para que esto crezca y dé fruto en toda la Iglesia. 

¡Gracias!

Apliquémonos este mensaje en la parte que a cada uno nos toque.
Saludos.

domingo, 5 de agosto de 2012

El diácono es servidor de la Palabra en una Iglesia de Comunión


         La Iglesia, obra de la Trinidad, es comunión real entre todos los que la componen, pero además esa comunión es reflejo de la familia divina, es la Trinidad la que realiza la comunión que vive la Iglesia. La Iglesia es sacramento de comunión de los hombres con Dios y entre sí.
El Evangeliario es llevado por el diácono que luego Proclamará la Palabra

         La eclesiología de comunión se ha convertido en el verdadero y propio corazón de la doctrina sobre la Iglesia del Vaticano II. Una buena síntesis de esto la encontramos en el siguiente texto:

«Su espectro parte de la unidad en la fe, la esperanza y el amor cristianos, sellados sacramentalmente por el bautismo, que crea la situación básica de la comunión; se refuerza por la participación en la eucaristía, que está esencialmente orientada a la “unitas ecclesiae” y se rehace por el sacramento de la conversión que reconcilia con Dios y con la Iglesia; se traduce concretamente en la “colecta” de bienes y en la comunión de lo que se tiene y de lo que se es: esta comunión está presidida, visiblemente fundada y eventualmente defendida por los obispos cuyo centro es el obispo de Roma; está llamada la comunión eclesial a ser fermento de reconciliación y de paz en la humanidad; es una garantía de la asamblea consumada en la patria»[1].

         Un ejemplo de la vivencia de la comunión eclesial en la comunidad primitiva nos lo ofrece el primer sumario de la Hechos de los Apóstoles. Los que habían sido bautizados «acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones»[2].
  
En la Iglesia comunión, el diácono sirve la unidad

          La comunidad eclesial se sabe engendrada por la Palabra; de aquí resulta esencial su sintonía con la Palabra.

        La vida de la Iglesia primitiva demuestra que la unión de los cristianos, se realiza por la fe suscitada por la predicación de los apóstoles, alimentada por la Palabra y la Eucaristía y sostenida por la oración.

        El diácono que por el sacramento del Orden tiene como misión el anuncio, la proclamación y la predicación de la Palabra de Dios, está poniendo los pilares fundamentales para hacer realidad la unidad de los cristianos en la Iglesia, ya que la fe es la respuesta del hombre  a la Palabra salvífica de Dios.
Ambón de Iglesia de Dolores en Navidad

       La comunión eclesial que se inicia por la aceptación de la Palabra de Dios mediante la fe, que se visibiliza en el signo sacramental del bautismo, alcanza su perfección en la eucaristía.
En la liturgia el diácono ora y predica la Palabra

        Una palabra bien programada, acogida y meditada es fuente inagotable de oración viva para todo cristiano. Es Dios quien nos habla en la Palabra proclamada por el diácono.

       Es necesario que el diácono anuncie la Palabra de Dios. San Pablo plantea la cuestión del anuncio y de la escucha en oración de la Palabra, «¿Cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿Cómo predicarán si no son enviados?»[3].

En la comunidad enseña, catequiza y ejerce la caridad con la Palabra

        El diácono es servidor de Cristo,  pues la Iglesia recibió de Cristo su misión de predicar y traslada este cometido a cada uno de los predicadores. Los propios discípulos predicaron lo que vieron y oyeron. Lo que ellos hicieron es lo que ha de hacer la Iglesia, «Porque yo no he hablado por mí mismo; el Padre, que me ha enviado, es quien me mandó lo que he de decir y proclamar. Así pues, lo que yo digo, lo digo según me lo ha ordenado el Padre»[4].

       La catequesis no es algo propio y personal que le pertenezca en exclusiva al diácono. Pertenece a la Iglesia. Ella es la que tiene la misión de evangelizar y ella es la que ha confiado al diácono, entre otros, el cuidado de una parte de personas para que le ofrezca buenos alimentos y le guíe por los buenos caminos al encuentro del Señor.

     En la acción catequética Dios se va revelando progresivamente a su pueblo con amor de Padre y le conduce hacia Él con mano poderosa.

Diácono Paco López proclamando la Palabra
       El diácono está llamado a catequizar, en la familia, en los grupos de la parroquia, en los ámbitos donde ejerce su profesión, presentando a los demás la Palabra de Dios encarnada en el Verbo. Presenta a Otro que da sentido a su vida e invita a que su interlocutor también pueda entrar en contacto y amistad con Él. El diácono no sólo da testimonio de que él reconoce al Señor y lo ama; sino que ejerce de mediación para que por su boca el Señor salga al encuentro de los demás. El diácono escucha la Palabra para transmitirla después, en razón de su ministerio ordenado, a todas aquellas personas y grupos que la Iglesia le tiene confiados.

      La Palabra, es Dios mismo quien la siembra en el corazón de los hombres. En el corazón de la actividad catequética se encuentra la Palabra de Dios que se escucha por el oído y debe calar en lo más hondo del corazón. Es el mismo Cristo el que se nos comunica en ella y  nos lleva al Padre, en el Espíritu Santo.

      Toda acción pastoral lo es sólo en la medida en la que está sostenida y alimentada por la Palabra.

     En la primitiva comunidad cristiana, como fruto de la aceptación de la Palabra anunciada y aceptada por la fe, compartían los bienes materiales con los necesitados: «todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2, 44).

Francisco J. López Albaladejo
Diácono permanente


[1] R. Blázquez, La Iglesia del Vaticano II. Salamanca 1988, 58-59.
[2] Hechos de los Apóstoles  2, 42.
[3] Cf. Rm 10, 14-15.
[4] Jn 12,49.

martes, 8 de mayo de 2012

Sed bienvenidos, diáconos de Tai Wan.

En Tai Wan se promocionarán el diaconado permanente

Aunque parezca que está muy lejos de nuestra diócesis, pero están en la misma linea y en sintonía con el  futuro de este ordo recientemente instaurado aquí y en tantas otra diócesis.
Noticia tomada de Fides/InfoCatólica. Decisión tomada en su Asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal de Tai Wan, que ha decidido promover la formación y posterior ordenación de diáconos permanentes casados ​​para responder a las actuales necesidades pastorales, así como para afrontar el envejecimiento del clero y la escasez de vocaciones al sacerdocio.
Según informa Catholic Weekly, “después de casi un siglo y medio de evangelización, la Iglesia particular de Taiwán nunca ha establecido el diaconado permanente de los casados. En cambio, en Hong Kong y Singapur existe desde hace mucho tiempo, y tienen más experiencia”.

Conferencia Episcopal de Tai Wan
Además, la Conferencia Episcopal Regional de Tai Wan ya ha enviado a sus miembros a Hong Kong para estudiar su experiencia. Según los Obispos, en el futuro, los diáconos permanentes se harán cargo de las iglesias que no tienen sacerdote residente, entre las más de 600 iglesias de la isla de Taiwán. Al mismo tiempo, la Iglesia de Taiwán también pretende responder a las necesidades de algunos campos específicos, de los cuales los sacerdotes no pueden ocuparse, como por ejemplo la administración financiera y patrimonial, la información, etc. Así que en el futuro, a los diáconos permanentes casados ​se les ​pedirá una segunda licenciatura después de la de filosofía y teología. 

Por lo tanto, se ha decidido que la Archidiócesis de Tai Pei actuará como “diócesis piloto” para este fin, invitando a la diócesis de Hong Kong a enviar un experto para ayudarla. Además, la Conferencia Episcopal Regional de Taiwan ya ha enviado a sus miembros a Hong Kong para estudiar su experiencia 

sábado, 5 de mayo de 2012

¿Por qué los diáconos?

En el libro de los Hechos de los Apóstoles, San Lucas nos habla de la institución de los diáconos de una forma estable y permanente, por las necesidades de la Iglesia creciente, para ellos se  impusieron las manos  y se les encargó el oficio de administrar los bienes de la comunidad cristiana (cf. Hch. 6,6). 

Será San Pablo el que posteriormente los mencione como una institución estable en la Iglesia (cf. Flp 1,1; 1Tim 3,8-12), llegando a afirmar con una bella metáfora que "hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo;  y diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; y diversidad de acciones, pero Dios es el mismo, que obra todo en todos" (1Cor 12).

Efectivamente, es una acción del Espíritu Santo el establecer en la Iglesia una diversidad de ministerios dentro de la unidad de una misma misión. Luego si surgen y están surgiendo estas vocaciones en la Iglesia, no es capricho personal, ni es promovidas por ningún prelado más vanguardista o de otro calificativo. 

Fue hace casi cincuenta años, en el Concilio Vaticano II, cuando se acordó con el consentimiento del Romano Pontífice conferir el diaconado a hombres maduros, aun estando casados y jóvenes idóneos que se mantengan  en el celibato (cf. LG 30).

En la misma Constitución Conciliar, y apoyándose en una cita del  Concilio Tridentino se afirma que el ministerio eclesiástico es de institución divina, no humana, y se ejerce en la Iglesia desde bien antiguo por los Obispos, presbíteros y diáconos (cf. LG 28). 

El número 29 de la misma Constitución, afirma que este ministerio eclesial, el diacono, es el grado inferior de la Jerarquía, se les ordena, recibiendo la imposición de las manos "no para el orden al sacerdocio, sino para el orden al ministerio". De esta manera, los diáconos son confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio. A partir de este momento servirán al 
Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. 
Mi ordenación diaconal, cuando D. Ildefonso me puso la estola y la dalmática.

Prosigue señalando de oficio propio de los diáconos, que pueden administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura. 

Especialmente estos hombres se deben dedicar a los oficios de la caridad y de la administración, y ejercer los oficios necesarios en la vida de la Iglesia. Así, cada Conferencias territoriales de Obispos, y de acuerdo con el mismo Sumo Pontífice, decidirán si se cree oportuno y en dónde el establecer estos diáconos para la atención de los fieles. Por eso no se ha instaurado en todos los continentes al mismo tiempo, ni siquiera en todos los países, cada obispo lo ha instaurado según ha visto conveniente. En nuestra diócesis de Orihuela-Alicante se aprobó el 3 de Junio del 2000 por el Consejo Presbiteral.

Por eso sería bueno que los diáconos no se les viera como un cuerpo extraño e independiente, no van por libres. Si anuncian o predican, no hacen su propio mensaje, sino el Evangelio de Jesucristo; si dan de comer al Pueblo de Dios, es el Cuerpo de Cristo que se quedó en la Eucaristía, si bautizan o bendicen es para aumentar y santificar el número de los redimidos. Es bueno ver que estos hombres, la mayoría casados y padres de familia, tienen un gran corazón, generoso, entregado y partido entre dos esposas, y a ver cual de ellas le pide más.

Oremos, los cristianos, al Dueño de la mies que haga surgir vocaciones para seguir trabajando en su viña, y que su divino Espíritu siembre en sus corazones la vocación al sacerdocio y al diaconado.

Manuel Cosme García Vaíllo
Diácono.

lunes, 30 de abril de 2012

Oferta de trabajo: Se necesitan pastores


Hoy IV Domingo de Pascua hemos proclamado, meditado y predicado a Jesuscristo como el Buen Pastor. Hoy hemos celebrado la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, por lo que hemos pedido por el Santo Padre, por los Obispos, por los Sacerdotes, los seminaritas, los misioneros, pero no dejemos de pedir también por los diáconos.

Indignamente, no por méritos, sino por puro don divino, también nosotros hemos sido llamados por el Buen Pastor a guiar el gran rebaño, atraer las ovejas que aún no están, a dar testimonio de su Evangelio y a dar la vida por sus ovejas.

No olvidemos la labor de estos hombres ordenados, que tras la semana de trabajo, cuando llega el fin de semana, dejan todo para colaborar en la diversas pastorales a la que han sido encomendados. 
 
No hay un día especial para recordarlos, ni se hace ninguna campaña especial para que surjan nuevas vocaciones, así que sería bueno pedir al Buen Pastor, que envíe más servidores a cuidar su gran rebaño y a dar fortaleza, valentía y entusiasmo a los que ya están.  

¡Que así sea!


sábado, 11 de febrero de 2012

Diáconos, un servicio necesario

Viajar en transporte público a menudo da ocasión de un diálogo positivo y enriquecedor. Quien me preguntó quería entender qué significaban algunos de los «cargos» —ésta era la expresión que utilizaba— que hay en la Iglesia. Fácilmente se hacen comparaciones con otros estamentos de la sociedad civil y es necesario situar las cosas en su sitio.

Me pareció que era una persona con interés porla Iglesia, pero poco informada. Entre otros temas, fue de especial atención la conversación sobre los «diáconos», en el sentido de descubrir con sorpresa una realidad que desconocía totalmente y —como me dijo después— de mucha actualidad. Más aún cuando le expliqué de qué personas se trataba —un ministerio permanente abierto tanto a casados como a solteros y con las funciones que le son propias—. La reacción fue de valoración muy positiva, de admiración por lo que significaba como vocación de servicio y, también, de actualidad por la necesidad que hay de ellos en la comunidad cristiana, en su misión de evangelizar y servir, como Jesús.
Con situaciones como ésta, nos encontramos a menudo, y ponen en evidencia la necesidad que existe hoy de información, procedente de una ignorancia religiosa que tiene muchas causas, no sólo por falta de conocimiento, sino de ambiente y práctica cristiana.
El servicio diaconal enla Iglesia es poco conocido y, por parte de todos los que formamos las comunidades cristianas, aún necesita de un reconocimiento más afectivo y efectivo. Como dice el Concilio Vaticano II, corresponde al diácono, según se lo haya asignado la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, conservar y distribuirla Eucaristía, asistir y bendecir el matrimonio en nombre dela Iglesia, llevar el Viático a los moribundos, leerla Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y la oración de los fieles, presidir el rito de los funerales y la sepultura.
Fieles a su institución desde los inicios del cristianismo, será labor fundamental de los diáconos el ejercicio de la caridad. Como dice san Policarpo: «Que sean misericordiosos, diligentes, caminando conforme a la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos.» Un camino vocacional que promocionar entre todos, un servicio muy necesario en los tiempos que vivimos.

Sebastià Taltavull Anglada
     Obispo auxiliar de Barcelona

viernes, 19 de agosto de 2011

¡¡¡ Estamos contigo !!!

Bienvenido Santo Padre a nuestra casa. Estamos contigo y con todos los jóvenes de los cinco continentes que han vendio a dejarse empapar del mensaje de Jesucristo y de su Mensajero en la tierra.  ¡ Gracias Santo Padre por venir a nuestra casa !

Desde este link, podrás seguir todo el viaje en directo. ¡ Vale la pena! : Trece Televisión

miércoles, 13 de julio de 2011

Ordenación del primer diácono abuelo de la diócesis.

En Muchamiel el 3 de Octubre de 2009, en la Parroquia de El Salvador, el Sr. Obispo D. Rafael Palmero Ramos para el Diaconado Permanente, ordenó a Joaquín Martínez Morales, junto con otros dos diáconos transitorios.

Y en palabras del mismo obispo, les dijo: "Queridos Manuel, José Manuel y Joaquín, vuestra diaconía ha de tener en cuenta estas dos características, estos dos pilares de vuestro ministerio ordenado: la obediencia y el gozo".  

Nueva ordenación diaconal.

Con fecha del 2 de Octubre de 2010 en la S.I. Catedral de Orihuela y de manos del Sr. Obispo D. Rafael Palmero Ramos ordenó diáconos a tres aspirantes al sacerdocio y uno al diaconado permanente: Ralph Hueso López.

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