El Referente Nacional del Cidal de Urguay el diácono Prof. Milton Iglesias Fascetto nos ha regalado con fecha de 2 de Enero de 2013 una reflexión personal sobre el Diaconado.
El autor acaba de cumplir las Bodas de Plata de su
ordenación diaconal (20/12/1987-20/12/2012)
DIÁKONOS,
palabra que proviene del griego, correspondiente al verbo “diakonein” que
significa ayudar a alguien, hacer un favor.
Diácono es el hombre que
sirve a Dios trabajando en la obra de la salvación.
El Diaconado es de
institución apostólica, significa que es una creación de derecho divino. Este es el origen del poder sacramental que
Dios confiere a los ordenados Diáconos.
Los Diáconos son clérigos, y
son la expresión del ministerio ordenado más cercana a la realidad laical.
Sintetizaremos la misión
específica de los Diáconos en la diaconía de la Iglesia,
señalando tres ámbitos como los más propios: la diaconía de la Palabra, la diaconía
Litúrgica y la diaconía de la
Caridad.
El Diácono es servidor de La Palabra, debe asimilarla
inteligentemente y vivenciarla. La Evangelización del Diácono no se reduce a la
homilía en un concepto litúrgico, pues
trasmite de infinitas formas a la comunidad la Palabra que él experimentó
como redentora por su fuerza transformadora. Su autoridad como transmisor nace
de su sintonía vital con el Evangelio.
En cuanto a la diaconía
Litúrgica donde más se ejercita es en los sacramentos y en los sacramentales:
bautismos, casamientos, servicios funerarios en los velatorios o entierros,
presidencia de la Liturgia
de la Palabra
“celebración de La Palabra”
en ausencia de Presbítero y del Obispo; también en las obras parroquiales sean
edilicias o evangelizadoras.
En lo referente a la
diaconía de la Caridad,
diremos que el Diácono tiene como misión trabajar para que las desigualdades
desaparezcan tanto dentro como fuera de la Iglesia.
En América Latina el ministerio
de la caridad se da en contextos sociales y eclesiales diversos y signados por
la desigualdad. Desigualdad entre países pobres y ricos, desigualdad del centro
y de la periferia y también desigualdad
de la pastoral eclesial, que, a pesar de la opción “por los pobres”, los ricos
tienen todos los servicios que aportan las Parroquias, centros de estudios,
publicaciones, medios de comunicación, etc. mientras que los marginados reciben
el mensaje de quienes intentan ser misioneros de paso o integrantes de
voluntariados.