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domingo, 5 de agosto de 2012

El diácono es servidor de la Palabra en una Iglesia de Comunión


         La Iglesia, obra de la Trinidad, es comunión real entre todos los que la componen, pero además esa comunión es reflejo de la familia divina, es la Trinidad la que realiza la comunión que vive la Iglesia. La Iglesia es sacramento de comunión de los hombres con Dios y entre sí.
El Evangeliario es llevado por el diácono que luego Proclamará la Palabra

         La eclesiología de comunión se ha convertido en el verdadero y propio corazón de la doctrina sobre la Iglesia del Vaticano II. Una buena síntesis de esto la encontramos en el siguiente texto:

«Su espectro parte de la unidad en la fe, la esperanza y el amor cristianos, sellados sacramentalmente por el bautismo, que crea la situación básica de la comunión; se refuerza por la participación en la eucaristía, que está esencialmente orientada a la “unitas ecclesiae” y se rehace por el sacramento de la conversión que reconcilia con Dios y con la Iglesia; se traduce concretamente en la “colecta” de bienes y en la comunión de lo que se tiene y de lo que se es: esta comunión está presidida, visiblemente fundada y eventualmente defendida por los obispos cuyo centro es el obispo de Roma; está llamada la comunión eclesial a ser fermento de reconciliación y de paz en la humanidad; es una garantía de la asamblea consumada en la patria»[1].

         Un ejemplo de la vivencia de la comunión eclesial en la comunidad primitiva nos lo ofrece el primer sumario de la Hechos de los Apóstoles. Los que habían sido bautizados «acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones»[2].
  
En la Iglesia comunión, el diácono sirve la unidad

          La comunidad eclesial se sabe engendrada por la Palabra; de aquí resulta esencial su sintonía con la Palabra.

        La vida de la Iglesia primitiva demuestra que la unión de los cristianos, se realiza por la fe suscitada por la predicación de los apóstoles, alimentada por la Palabra y la Eucaristía y sostenida por la oración.

        El diácono que por el sacramento del Orden tiene como misión el anuncio, la proclamación y la predicación de la Palabra de Dios, está poniendo los pilares fundamentales para hacer realidad la unidad de los cristianos en la Iglesia, ya que la fe es la respuesta del hombre  a la Palabra salvífica de Dios.
Ambón de Iglesia de Dolores en Navidad

       La comunión eclesial que se inicia por la aceptación de la Palabra de Dios mediante la fe, que se visibiliza en el signo sacramental del bautismo, alcanza su perfección en la eucaristía.
En la liturgia el diácono ora y predica la Palabra

        Una palabra bien programada, acogida y meditada es fuente inagotable de oración viva para todo cristiano. Es Dios quien nos habla en la Palabra proclamada por el diácono.

       Es necesario que el diácono anuncie la Palabra de Dios. San Pablo plantea la cuestión del anuncio y de la escucha en oración de la Palabra, «¿Cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿Cómo predicarán si no son enviados?»[3].

En la comunidad enseña, catequiza y ejerce la caridad con la Palabra

        El diácono es servidor de Cristo,  pues la Iglesia recibió de Cristo su misión de predicar y traslada este cometido a cada uno de los predicadores. Los propios discípulos predicaron lo que vieron y oyeron. Lo que ellos hicieron es lo que ha de hacer la Iglesia, «Porque yo no he hablado por mí mismo; el Padre, que me ha enviado, es quien me mandó lo que he de decir y proclamar. Así pues, lo que yo digo, lo digo según me lo ha ordenado el Padre»[4].

       La catequesis no es algo propio y personal que le pertenezca en exclusiva al diácono. Pertenece a la Iglesia. Ella es la que tiene la misión de evangelizar y ella es la que ha confiado al diácono, entre otros, el cuidado de una parte de personas para que le ofrezca buenos alimentos y le guíe por los buenos caminos al encuentro del Señor.

     En la acción catequética Dios se va revelando progresivamente a su pueblo con amor de Padre y le conduce hacia Él con mano poderosa.

Diácono Paco López proclamando la Palabra
       El diácono está llamado a catequizar, en la familia, en los grupos de la parroquia, en los ámbitos donde ejerce su profesión, presentando a los demás la Palabra de Dios encarnada en el Verbo. Presenta a Otro que da sentido a su vida e invita a que su interlocutor también pueda entrar en contacto y amistad con Él. El diácono no sólo da testimonio de que él reconoce al Señor y lo ama; sino que ejerce de mediación para que por su boca el Señor salga al encuentro de los demás. El diácono escucha la Palabra para transmitirla después, en razón de su ministerio ordenado, a todas aquellas personas y grupos que la Iglesia le tiene confiados.

      La Palabra, es Dios mismo quien la siembra en el corazón de los hombres. En el corazón de la actividad catequética se encuentra la Palabra de Dios que se escucha por el oído y debe calar en lo más hondo del corazón. Es el mismo Cristo el que se nos comunica en ella y  nos lleva al Padre, en el Espíritu Santo.

      Toda acción pastoral lo es sólo en la medida en la que está sostenida y alimentada por la Palabra.

     En la primitiva comunidad cristiana, como fruto de la aceptación de la Palabra anunciada y aceptada por la fe, compartían los bienes materiales con los necesitados: «todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2, 44).

Francisco J. López Albaladejo
Diácono permanente


[1] R. Blázquez, La Iglesia del Vaticano II. Salamanca 1988, 58-59.
[2] Hechos de los Apóstoles  2, 42.
[3] Cf. Rm 10, 14-15.
[4] Jn 12,49.

lunes, 16 de julio de 2012

La importancia de los diáconos



La Iglesia católica afronta un serio problema de escasez de sacerdotes y vocaciones que deja a miles de pueblos sin párroco propio, una situación que algunas diócesis intentan paliar con la ayuda de diáconos, pese a la desconfianza o desconocimiento de muchos frente a esta figura.

Consagrac. Igles.S.Pedro y S.Pablo de Torrevieja

Los diáconos son hombres, casados o solteros, que se han ordenado en una ceremonia muy similar a la de ordenación de los sacerdotes y que tienen autoridad para realizan muchas de las funciones de éstos, salvo consagrar o absolver los pecados.

Así, un diácono puede bendecir, bautizar, casar, dar la comunión, llevar el viático a los moribundos, presidir la celebración de la palabra o los funerales y ceremonias de sepultura al igual que puede hacer un sacerdote.

"En una situación de falta de vocaciones, los diáconos podrían servir un papel muy importante, pero no les dejan por desconocimiento o desconfianza", explicó el sacerdote José María Estudillo, responsable durante 17 años de la Comisión Diocesana para el Diaconado Permanente de la Archidiócesis de Sevilla.

La figura del diácono estuvo muy presente en los primeros siglos de la historia de la Iglesia pero desapareció en torno al siglo VIII y no se reinstauró hasta mucho más tarde en la celebración del Concilio Vaticano II, en la década de 1960.

En España existen actualmente unos 400 diáconos, la mayoría casados y con hijos, que sirven en más de la mitad de las diócesis españolas a las órdenes del obispo.

Así, en Sevilla hay 53 diáconos permanentes ordenados, en Madrid, 23, y en Jerez de la Frontera 19; en Orihuela-Alicante hay 6 ordenados, sin embargo, son muchas las diócesis en las que sus obispos aún no se han decidido a restaurar el diaconado.
Ordenaciones en la S.I. Concatedral S.Nicolás de Alicante

Según datos oficiales de la Conferencia Episcopal Española (CEE), en España hay actualmente 18.633 sacerdotes para atender a 22.686 parroquias, lo que deja al menos a 4.053 de ellas sin cura propio, hechos que hacen que la figura del diácono vuelva a tomar importancia ante esta falta de párrocos en nuestro país.

Pero la realidad es aún más grave, ya que estas estadísticas no distinguen entre los curas en activo y los de más de 70 años, y existen numerosas parroquias importantes en centros urbanos que cuentan con más de media docena de sacerdotes.

"Los diáconos podrían ser la solución y muchos obispos ya lo han comprendido", en España aún es un fenómeno "muy nuevo" pero que en Italia o Estados Unidos está "muy extendido y no sorprende a nadie".

Y ése es precisamente el lamento de Estudillo, quien cree que si la figura del diácono no se ha extendido más es porque "muchos sacerdotes y obispos no lo ven", pese a que en circunstancias de falta de vocaciones pueden hacer un papel muy importante".

"En todos los gremios, cuando surgen figuras nuevas siempre hay quien desconfía y cree que perderá cuota de poder o protagonismo, pero no tiene por qué ser así", aseguró.

De hecho, varios diáconos consultados lamentan la "desconfianza" de los sacerdotes, "que creen que les vamos a quitar el puesto", dijo uno; "o nos ven como curas de segunda", apuntó otro.
Ordenación diaconal de Ralph en la S.I. Catedral de Orihuela

En España, la mayoría de los diáconos son hombres mayores de 50 años, que han vivido muy cerca de sus parroquias y que, tras la jubilación, han dado el paso y se han comprometido: profesores, abogados, comerciantes, agentes de seguros o periodistas, que han cursado al menos cuatro años de estudios específicos y se han ordenado diáconos.

Como Julián Manzano, un montador-soldador de la metalurgia que, cuando tuvo que abandonar su profesión por incapacidad, se lanzó a estudiar y con 52 años se ordenó diácono.

Tres años más tarde es responsable de siete parroquias de Lérida por encargo del obispo ya que, como subrayó, "no estamos a las órdenes de un cura, estamos al servicio del obispo".
Manuel Cosme en Igl.Sag.Corazón de Torrevieja
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Gerardo Dueñas, un ingeniero industrial de 37 años, casado y con 2 hijos, que es diácono en Madrid y sirve en la Parroquia de la Luz, también vivió la sorpresa de sus vecinos al verle en el altar, vestido "casi de cura" y leyendo el evangelio en misa. Dueñas explicó que la labor de los diáconos se centra en el "ministerio de la palabra", que incluye la dirección de catequesis y grupos de oración; la litúrgica, con la celebración de ceremonias como bautismos, bodas o entierros, y la de caridad, lo que lleva a muchos diáconos a ser responsables de las Cáritas locales.

"Lo que no vamos a hacer nunca es sustituir a los sacerdotes, son órdenes distintas y además, somos poquísimos así que, a nivel pastoral, no vamos a solucionar nada", dijo tras señalar que, en Madrid hay más de 1.500 sacerdotes y sólo 23 diáconos. "Y hay trabajo para todos", afirmó Gerardo Dueñas.
Noticia tomada de la Agencia Efe.