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Blog pensado para ir publicando alguna información interesante o noticias que sucedan en nuestra diócesis de Orihuela-Alicante y que tenga que ver con este reciente Ordo Diaconal que existe desde el 26 de Diciembre de 2007.

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miércoles, 26 de marzo de 2014

El diácono... si no lo hace con amor, no sirve



Según el Santo Padre el Papa Francisco, en la audiencia general del 26 de marzo del 2014, ha venido a decirnos un mensaje muy importante sobre los obispos, presbíteros y diaconos. El texto es el siguiente:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ya hemos tenido ocasión de señalar que los tres sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía forman juntos el misterio de la "iniciación cristiana", un único gran acontecimiento de gracia que regenera en Cristo y nos abre a su salvación. Esta es la vocación fundamental que une a todos en la Iglesia, como discípulos del Señor Jesús. Hay a continuación dos sacramentos que corresponden a dos vocaciones específicas: se trata del Orden y del Matrimonio. Constituyen dos grandes vías por las que el cristiano puede hacer de su vida un don de amor, siguiendo el ejemplo y en el nombre de Cristo, y así colaborar en la edificación de la Iglesia.

El Orden, marcado en los tres grados de episcopado, presbiterado y diaconado, es el Sacramento que permite el ejercicio del ministerio, confiado por el Señor Jesús a los Apóstoles, para apacentar su rebaño, en la potencia de su Espíritu y de acuerdo a su corazón. Apacentar el rebaño de Jesús con la potencia, no con la fuerza humana o con la propia potencia, sino con la del Espíritu y de acuerdo a su corazón, el corazón de Jesús, que es un corazón de amor. El sacerdote, el obispo, el diácono debe apacentar el rebaño del Señor con amor. Si no lo hace con amor, no sirve. Y, en este sentido, los ministros que son elegidos y consagrados para este servicio prolongan en el tiempo la presencia de Jesús, si lo hacen con el poder del Espíritu Santo, en el nombre de Dios y con amor.

1. Un primer aspecto. Aquellos que son ordenados se colocan a la cabeza de la comunidad. ¡Ah! ¿Están a la cabeza? Sí. Sin embargo, para Jesús significa poner la propia autoridad al servicio, como Él mismo lo ha mostrado y enseñado a sus discípulos con estas palabras : "Sabéis que los gobernantes de las naciones las dominan, y los jefes las oprimen. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20, 25-28 // Mc 10, 42-45). Un obispo que no está al servicio de la comunidad: no está bien. Un sacerdote, un cura, que no está al servicio de su comunidad: no está bien. Está equivocado.

2. Otra característica que siempre se deriva de esta unión sacramental con Cristo es el amor apasionado por la Iglesia. Pensemos en aquel pasaje de la Carta a los Efesios, en el que san Pablo dice que Cristo "ha amado a la Iglesia. Él se ha entregado a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocar ante sí a la Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada" (5, 25-27). En virtud del Orden el ministro dedica todo su ser a su propia comunidad y la ama con todo el corazón: es su familia. El obispo y el sacerdote aman a la Iglesia en su comunidad. Y la aman fuertemente. ¿Cómo? Como Cristo ama a la Iglesia. Lo mismo dirá san Pablo del matrimonio. El marido ama a su mujer como Cristo ama a la Iglesia. ¡Es un misterio grande de amor, este del ministerio y aquel del matrimonio! Los dos sacramentos que son el camino por el cual las personas van habitualmente al Señor. 

3. Un último aspecto. El apóstol Pablo aconseja a su discípulo Timoteo no descuidar, más bien, reavivar siempre el don que está en él, el don que le ha sido dado por la imposición de las manos. Cuando no se nutre el ministerio con la oración, la escucha de la Palabra de Dios, la celebración diaria de la Eucaristía y también la asistencia al Sacramento de la Penitencia, se termina inevitablemente perdiendo de vista el significado autentico del propio servicio y la alegría que nace de una profunda comunión con Jesús. El obispo que no reza, el obispo que no vive y escucha la Palabra de Dios, que no celebra todos los días, que no va a confesarse regularmente… y lo mismo el sacerdote que no hace estas cosas, a la larga, pierden la unión con Jesús y adquieren una mediocridad que no hace bien a la Iglesia. Por eso tenemos que ayudar a los obispos y a los sacerdotes a rezar, a escuchar la Palabra de Dios, que es el alimento diario, a celebrar cada día la Eucaristía y a ir a confesarse habitualmente.
Y esto es tan importante, porque está en juego la santificación propia de los obispos y los sacerdotes. Quisiera terminar también con una cosa que me viene a la cabeza. ¿Pero qué hay que hacer para convertirse en sacerdote? ¿Dónde se venden las entradas? No, no se venden. Ésta es una cosa donde la iniciativa la toma el Señor. El Señor llama, llama a cada uno de los que quiere que se conviertan en sacerdote. Y quizás haya algunos jóvenes aquí que han sentido en su corazón esta llamada: el deseo de convertirse en sacerdotes, el deseo de servir a los demás en las cosas que vienen de Dios, el deseo de estar toda la vida al servicio para catequizar, bautizar, perdonar, celebrar la Eucaristía, cuidar a los enfermos… Pero toda la vida así. Si alguno de vosotros ha sentido esto en el corazón, es Jesús que se lo ha puesto ahí, ¿eh? Cuidad esta invitación y rezad para que esto crezca y dé fruto en toda la Iglesia. 

¡Gracias!

Apliquémonos este mensaje en la parte que a cada uno nos toque.
Saludos.

martes, 6 de septiembre de 2011

Respuestas sobre el diaconado

Algunas personas nos preguntan cómo saber si el Señor les llama para diáconos permanentes, vamos a intentar responder de una manera general. 
Lo primero que tienes que tener claro es si el Señor te llama para algún ministerio ordenado dentro de la Iglesia. Saber si sientes una llamada especial, o si Dios te pide algo más en tu vida.  Para ello debes contar con la ayuda de un director espiritual, un sacerdote o un diácono. El Señor puede llamarte de muchas maneras, por lo que tendrás que ir discerniendo si hay vocación, y luego si es concreta hacia el diaconado.

Concretamente para ser diácono permanente, recibir el tercer grado del Sacramento del Orden, es preciso varias cosas, veámoslas:

¿Quién puede ser diácono permanente?


Para ser diácono se deben de cumplir los siguientes requisitos:

1.      Debes ser hombre.

2.      Haber recibido los tres sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Comunión y Confirmación.

3.      Puedes estar soltero o casado.

4.      Si eres soltero: (Antes te debería presentar la vocación al sacerdocio, que es el grado superior, sabes que el Señor necesita sacerdotes para extender el Reino de Dios en todo el mundo, no obstante si no es aquella, puedes seguir mirando por aquí ):

a.       Debes tener como mínimo 25 años.
b.      Saber que no podrás contraer matrimonio nunca.
c.       Se te pedirá el celibato perpetuo.

5.      Si estás casado:

a.       Debes tener un mínimo de 35 años de edad.
b.      Estar casado como mínimo 10 años.
c.       Necesitarás la aceptación de tu esposa y que tus hijos comprendan el camino que vas a iniciar.
d.      Saber que en caso de viudez, no podrás volver a contraer matrimonio y deberás guardar el celibato perpetuo.
 
¿Cuál es la misión del diácono?

El diácono asiste al obispo y a los presbíteros en las celebraciones, especialmente de la Eucaristía, distribuye la comunión, asiste y bendice la celebración del matrimonio, bautiza, proclaman el Evangelio y predica, preside la liturgia de las Horas y exequias: responsos y entierros, celebra la Palabra . Además, el diácono se entregan a diversos servicios de la caridad.

¿Qué puedo hacer?

Ponte en contacto con nosotros para conocernos, hablar, ver lo que hacemos y poderte informar un poco más personal. No obstante también tienes material en este blog, concretamente en documentos... y ya sabes, si el Señor te llama, no le hagas esperar, recuerda que la mies es mucha y los obreros son pocos. ¡Dichosos los invitados a trabajar en su Reino!.

¡ Que el Señor te bendiga !